Una persona tiene la libertad suficiente para dirigir y valorar su vida de la manera más conveniente. Como bien dije en mi libro “Nosotros mismos somos libres para ponernos esta libertad en práctica”. Tenemos que valorar nuestros actos y no tan solo nuestra vida, si no la de los demás porque cada uno es libre de hacer lo que quiera con su vida pero no con la vida de los demás. La libertad consiste en que la voluntad elija aquello que el entendimiento le presenta como verdadero y bueno. No determinándose nuestra voluntad a seguir o a evitar cosa alguna, sino porque nuestro entendimiento se la representa como buena o mala, basta juzgar bien, para obrar bien, y juzgar lo mejor que se pueda, para obrar también lo mejor que se pueda. Nosotros dirigimos nuestra vida y valoramos nuestros actos. Cada uno domina sus actos de la manera más conveniente a su estilo de vida, pero no por eso debe quitar la vida de otras personas. Los seres humanos son compuestos sustanciales de alma y cuerpo, el alma dirige al cuerpo y dota sus acciones de voluntad y libertad. Estas acciones son las que le dan un rumbo a nuestra vida, pero debemos respetar la vida de los demás ante todo.
Antes de juzgar las acciones humanas, creo indispensable tratar nuestros orígenes porque para valorar y analizar lo que nos rodea, hemos de saber de dónde venimos. Pues bien, yo, Charles Darwin, en uno de mis múltiples viajes he tenido la posibilidad de analizar cómo interactúan los seres vivos y he conseguido determinar nuestro origen. Lo he llamado selección natural ya que, aunque hoy nos sentimos los reyes del mundo, hace un tiempo nuestros antepasados luchaban por la supervivencia.
Nuestro origen estaba determinado por nuestra fuerza y solo los que más se adaptaban a los cambios del ambiente, eran los que triunfaban como especie. Ya con esta idea del origen podemos plantearnos cuánto vale nuestra vida.
Creo firmemente que el mecanismo de la evolución nos ha llevado a esta situación en la que nos consideramos reyes del mundo y en la que no hay mayor animal que nosotros. Es por eso que pienso que le debemos un respeto a la naturaleza. ¿Cómo se lo demostramos? Valorando la vida de los demás. En mis viajes vi peleas entre animales de la misma especie pero nunca logré observar un animal atentando contra la vida de otra. ¿Por qué? Porque por instinto ellas se unen no se atacan. Los animales, dentro de lo que caben y, ya estén en la Antártida que en América, tienen algunos rasgos parecidos. Todas ellas luchan juntas para vivir el mayor tiempo posible. ¿Por qué si venimos y somos animales, nosotros no debemos adoptar esta característica? ¿Qué hace que un humano mate a otro?
Os invito a que penséis no tanto en lo que ha pasado sino en el por qué ha pasado y si realmente el ser humano está hecho para atacarse mutuamente.
Tu comentario acerca del tiroteo deja en evidencia tu concepción científica. Es por eso que voy a intentar darte una visión más animal del ser humano y, además trataré de deshumanizarlo con el único fin de ver y analizar distintas maneras de actuar de los "humanos"
Nuestra especie es una evolución del llamado Simio. Eso nos hace animales por naturaleza. La humanización es un proceso, un cambio, una evolución que se ha dado en los seres humanos pero que no implica un punto biológico. Es por eso que la filosofía crea tantas visiones (y todas verdaderas), porque no hay nada que las demuestre.
Es por eso que relacionándolo con el caso del tiroteo pienso que ha habido una deshumanización por parte del asesino y, también por eso, cuesta identificar sus características psicológicas. El ser humano es animal cultural y es por eso que nunca debemos de olvidar que, aunque tratemos de alejarnos de los animales, ciertos rasgos estarán en nosotros inevitablemente. Eso, no obstante, no justifica el acto cometido y no significa que el asesino haya de quedar impune a lo cometido.
Sinceramente llamo a todos a que os percatéis del hecho que somos ANIMALES y HUMANOS y que nuestra vida ha de estar compaginada de estas dos vertientes.
Una persona tiene la libertad suficiente para dirigir y valorar su vida de la manera más conveniente. Como bien dije en mi libro “Nosotros mismos somos libres para ponernos esta libertad en práctica”. Tenemos que valorar nuestros actos y no tan solo nuestra vida, si no la de los demás porque cada uno es libre de hacer lo que quiera con su vida pero no con la vida de los demás. La libertad consiste en que la voluntad elija aquello que el entendimiento le presenta como verdadero y bueno. No determinándose nuestra voluntad a seguir o a evitar cosa alguna, sino porque nuestro entendimiento se la representa como buena o mala, basta juzgar bien, para obrar bien, y juzgar lo mejor que se pueda, para obrar también lo mejor que se pueda. Nosotros dirigimos nuestra vida y valoramos nuestros actos. Cada uno domina sus actos de la manera más conveniente a su estilo de vida, pero no por eso debe quitar la vida de otras personas. Los seres humanos son compuestos sustanciales de alma y cuerpo, el alma dirige al cuerpo y dota sus acciones de voluntad y libertad. Estas acciones son las que le dan un rumbo a nuestra vida, pero debemos respetar la vida de los demás ante todo.
ResponderEliminarDescartes
Antes de juzgar las acciones humanas, creo indispensable tratar nuestros orígenes porque para valorar y analizar lo que nos rodea, hemos de saber de dónde venimos. Pues bien, yo, Charles Darwin, en uno de mis múltiples viajes he tenido la posibilidad de analizar cómo interactúan los seres vivos y he conseguido determinar nuestro origen. Lo he llamado selección natural ya que, aunque hoy nos sentimos los reyes del mundo, hace un tiempo nuestros antepasados luchaban por la supervivencia.
ResponderEliminarNuestro origen estaba determinado por nuestra fuerza y solo los que más se adaptaban a los cambios del ambiente, eran los que triunfaban como especie.
Ya con esta idea del origen podemos plantearnos cuánto vale nuestra vida.
Creo firmemente que el mecanismo de la evolución nos ha llevado a esta situación en la que nos consideramos reyes del mundo y en la que no hay mayor animal que nosotros. Es por eso que pienso que le debemos un respeto a la naturaleza. ¿Cómo se lo demostramos? Valorando la vida de los demás. En mis viajes vi peleas entre animales de la misma especie pero nunca logré observar un animal atentando contra la vida de otra. ¿Por qué? Porque por instinto ellas se unen no se atacan. Los animales, dentro de lo que caben y, ya estén en la Antártida que en América, tienen algunos rasgos parecidos. Todas ellas luchan juntas para vivir el mayor tiempo posible. ¿Por qué si venimos y somos animales, nosotros no debemos adoptar esta característica? ¿Qué hace que un humano mate a otro?
Os invito a que penséis no tanto en lo que ha pasado sino en el por qué ha pasado y si realmente el ser humano está hecho para atacarse mutuamente.
Con todo mi aprecio, Charles Robert Darwin
Tu comentario acerca del tiroteo deja en evidencia tu concepción científica. Es por eso que voy a intentar darte una visión más animal del ser humano y, además trataré de deshumanizarlo con el único fin de ver y analizar distintas maneras de actuar de los "humanos"
ResponderEliminarNuestra especie es una evolución del llamado Simio. Eso nos hace animales por naturaleza. La humanización es un proceso, un cambio, una evolución que se ha dado en los seres humanos pero que no implica un punto biológico. Es por eso que la filosofía crea tantas visiones (y todas verdaderas), porque no hay nada que las demuestre.
Es por eso que relacionándolo con el caso del tiroteo pienso que ha habido una deshumanización por parte del asesino y, también por eso, cuesta identificar sus características psicológicas. El ser humano es animal cultural y es por eso que nunca debemos de olvidar que, aunque tratemos de alejarnos de los animales, ciertos rasgos estarán en nosotros inevitablemente. Eso, no obstante, no justifica el acto cometido y no significa que el asesino haya de quedar impune a lo cometido.
Sinceramente llamo a todos a que os percatéis del hecho que somos ANIMALES y HUMANOS y que nuestra vida ha de estar compaginada de estas dos vertientes.
Sinceramente, Charles Robert Darwin